El silencio del amanecer parisino envolvía la mansión Portal mientras Amanda descendía por las escaleras con su vestido beige cuidadosamente elegido por su madre. Sus padres la esperaban en la entrada, ambos con la tensión reflejada en el rostro, ambos temiendo por el día que les aguardaba. Pero al ver a su hija luciendo dignidad en medio del caos, se incorporaron, decididos a sostenerla sin importar lo que viniera.
Lucia acarició la mano de Amanda, esa mano que temblaba desde la madrugada.
—Va