La puerta principal del Pent-house se abrió con el característico sonido discreto del sistema de seguridad. Jared Davenport cruzó el umbral con el mismo porte impecable que lo acompañaba en cada uno de sus movimientos. La jornada había sido extensa. Las reuniones, los informes, la visita a la prisión y las incontables decisiones que recaían diariamente sobre sus hombros parecían no reflejarse en la impecable caída de su traje oscuro ni en la firmeza de su andar. Sin embargo, detrás de aquella i