La prisión de alta seguridad permanecía envuelta en un silencio frío que parecía adherirse a cada pared de concreto. Los pasillos metálicos reflejaban la luz blanca de los fluorescentes, creando un ambiente estéril donde el tiempo parecía avanzar con una lentitud insoportable. Dos oficiales caminaban algunos pasos por delante de un hombre cuya sola presencia imponía respeto sin necesidad de levantar la voz. Jared Davenport avanzaba con la espalda recta, las manos descansando dentro de los bolsi