No quiero hijos.
La madrugada continuaba extendiéndose sobre París como un manto silencioso. Las luces de la ciudad titilaban detrás de los ventanales del Pent-house mientras Jared Davenport permanecía inmóvil frente al enorme cristal. La botella descansaba entre sus dedos. El líquido ámbar reflejaba las luces lejanas de los edificios. Hacía varios minutos que no bebía, pero tampoco había regresado a la habitación. Su mente seguía atrapada en aquella pesadilla. En aquel niño de diez años. En aquella voz. En aq