—Cerré los ojos, dejando que los recuerdos se desataran uno tras otro en mi mente, cuando de repente sentí un calorcito en el cuerpo.
Abrí los ojos y Álvaro estaba ahí, cubriéndome con una cobija delgada.
Al cruzar su mirada con la mía, se vio un poco incómodo y, sin pensarlo mucho, subió un poco más la cobija.
—Descansa un rato, te despertaré cuando sea hora.
Apreté la manta contra mi cuerpo, sintiendo una mezcla de emociones difícil de descifrar.
Hasta ahora no entiendo por qué Álvaro decidió