Me quedé pasmada ante ese giro inesperado, miré instintivamente a Leonardo.
Pero aquel que siempre había sido tan sereno, de pronto mostró una chispa de nerviosismo en la mirada. Fingiendo calma, respondió:
—¿Qué tonterías estás diciendo? ¡Fui yo quien la salvó! ¡Ella y su abuela estaban internadas en el hospital de mi familia!
Álvaro lo miró de arriba abajo, como si de pronto todo encajara en su mente. Soltó una risa breve, seca.
—Aquella noche lluviosa, fui yo quien rescató a Camila y a su abu