Después de la ceremonia de apareamiento, Carlos estaba como un zombi, completamente al borde del colapso.
Regresó a la Manada Arroyo Piedra y se encerró en la guarida de Román.
La imagen de Elena y Luciano juntos, además de Felipe, quien solía ser tan dulce con él, mirándolo con tanto odio, se repetía una y otra vez en su cabeza como una pesadilla.
Finalmente lo entendió: no solo había perdido a una compañera y un hijo, sino que había perdido la parte más importante de su alma, por lo que el arr