El reloj digital de la cocina marcaba las 8:15 cuando los pasos firmes de Ethan resonaron por el pasillo de madera, rompiendo el silencio de la mañana como el eco de un trueno elegante y decidido. Apareció con el portafolios de cuero en una mano y el blazer apoyado sobre el antebrazo. El cabello aún húmedo por la ducha caía de manera perfectamente desordenada, como si incluso el caos natural en él obedeciera a una lógica de encanto.
La camisa blanca, impecablemente ajustada, delineaba los hombr