El jardín seguía siendo una auténtica zona de guerra: salpicaduras de agua por todas partes, tierra esparcida, el césped aplastado y, en medio de todo ese caos, Ethan y Helen reían dentro de la piscina mientras Zoe y Melissa intentaban contener sus propias carcajadas.
Fue entonces cuando la puerta de la casa se abrió de golpe.
—¡¿PERO QUÉ PAYASADA ES ESTA?! —gritó Amélia, apareciendo con un montón de toallas en los brazos y esa expresión inconfundible de madre en estado de alerta.
Helen y Ethan