La mañana del bautizo amaneció con un brillo especial. El cielo, limpio y azul, parecía saber que aquel sería un día bendecido. La pequeña capilla elegida por Helen y Ethan era sencilla, rodeada de árboles y flores silvestres, con bancos de madera clara y vitrales que dejaban entrar la luz con suavidad, tiñendo el suelo con tonos de esperanza. David dormía tranquilamente en su cunita portátil, vestido con una túnica blanca bordada por Katerina. Sobre el pecho, un pequeño broche dorado en forma