James no volvió directamente a casa. No podía. La imagen de aquel cuarto —las fotos, las palabras de odio, las perturbadoras promesas— giraba en su cabeza como una pesadilla de la que no podía despertar. Sabía que tenía que contárselo a Ethan, y ese encuentro no podía esperar. Llamó a su amigo y le dijo que iba hacia su casa. También marcó el número de Liam y le pidió que se encontrara con él en casa de Ethan.
Era de noche cuando estacionó frente al edificio. No necesitó anunciarse; subió hasta