La puerta se cerró detrás de mí con un golpe sordo, pero ni siquiera eso me hizo mirar atrás.
No sé cómo salí de la empresa. No recuerdo el ascensor, ni el estacionamiento, ni el camino hasta el coche. Lo único que recuerdo es el dolor. Ese que martilla el pecho con tanta fuerza que parece que va a estallar en cualquier segundo.
El dolor de la ausencia. El dolor de la culpa. El dolor de ser el responsable de haber alejado a la única mujer que me amó de verdad.
El trayecto hasta el apartamento f