El cielo aún estaba gris, cubierto por nubes bajas y amenazantes, cuando Zoe estacionó el coche frente al antiguo edificio donde Helen solía vivir, antes de mudarse al apartamento de Ethan. La mañana apenas comenzaba, pero el día ya cargaba el peso de un duelo silencioso. El mundo parecía suspendido, como si contuviera el aliento ante la inminencia de algo peor.
El corazón de Zoe latía con tanta fuerza que sentía que podía desmayarse. Sus manos temblaban sobre el volante. La respiración era cor