Se suponía que sería un almuerzo tranquilo. Helen y Tânia habían decidido hacer una pequeña pausa para comer en un restaurante elegante cerca de la empresa. Helen intentaba concentrarse en sí misma, en el placer de un buen plato, en la conversación ligera y divertida con su amiga. Era un esfuerzo consciente por continuar con su plan de reconstruirse y fortalecerse.
—¿Entonces, lograste resolver aquel contrato que parecía imposible? —preguntó Tânia, entusiasmada.
—¡Sí! Y con creces —sonrió Helen