Teo había aprendido a patinar recientemente, y mi orgullo era inmenso.
Lo seguía con el celular en mano, tomando fotos sin parar. Nunca me parecía suficiente.
Cada vez patinaba mejor, y con eso también le salía esa picardía típica de los chicos.
A menudo patinaba mientras sujetaba la correa del perro, pasando deliberadamente frente a chicas bonitas para soltar: "Qué guapa eres, hermana", con una sonrisa de satisfacción desbordante.
Verlo así me hacía reír sin control.
Fue entonces cuando Ethan n