La noche había caído por completo.
El autobús avanzaba por la carretera serpenteante mientras los faros iluminaban el camino estrecho entre las montañas.
Afuera, la cordillera se alzaba oscura, gigantesca, como una muralla natural que parecía vigilar cada movimiento. Las estrellas comenzaban a aparecer lentamente, brillando sobre el cielo profundo y despejado.
El viaje continuaba.
Y con cada kilómetro...
el destino se acercaba.
Liliana permanecía junto a la ventana, observando la oscuridad exte