Liliana caminaba por la calle principal, con los brazos cruzados y la cabeza baja, pensando en su próxima reunión de trabajo. Su vida había cambiado tanto en dos años; había aprendido a valerse por sí misma, a levantarse de cada caída, a enfrentar cada día con determinación. Pero algo en el aire, una presión invisible, le decía que aquel día no sería como los demás.Dominic apareció como siempre: sin previo aviso, elegante, calculador, inamovible. Su chaqueta oscura le sentaba perfecta, los zapatos brillaban, y cada movimiento que hacía parecía medido y deliberado. Había algo en su porte que imponía respeto y tensión, incluso miedo. Porque Dominic no era un hombre fácil de tratar, y ahora había venido con un propósito específico: obtener lo que quería, sin rodeos, como en un negocio.Liliana lo vio desde lejos y su corazón se detuvo por un instante. No por amor, ni por nostalgia… sino por la carga emocional que siempre traía su presencia. Era como si cada palabra, cada mirada, cada ge
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