El sonido de los golpes aún vibraba en la madera cuando él abrió la puerta.
No fue un gesto apresurado.
Fue controlado.
Pero firme.
Como todo en él.
Liliana estaba a su lado.
No detrás.
No escondida.
A su lado.
Y aunque ninguno lo dijo, ambos sentían lo mismo: lo que había pasado hace unos segundos seguía ahí... latiendo bajo la piel.
La puerta se abrió.
Y el aire cambió.
Una mujer estaba de pie en la entrada.
Alta.
Elegante.
Perfectamente arreglada, incluso a esa hora.
Su perfume llegó primero