puerta se cerró.
Pero el eco de su voz...
seguía ahí.
"Ten cuidado... él no es fácil de amar."
Liliana no se movió.
Sentía esa frase clavada en el pecho, como si no fuera solo una advertencia... sino una verdad que aún no quería aceptar.
El aire en la sala se volvió denso.
Pesado.
El perfume de aquella mujer todavía flotaba, mezclándose con el aroma de la casa, invadiendo el espacio como si quisiera quedarse.
Liliana respiró más lento.
Pero no logró calmarse.
—¿Quién era? —repitió, esta vez si