Capítulo 87: Un trago para el dolor.
Salieron del café en silencio. La noche estaba fresca, el cielo despejado, pero Luisa no veía nada. Solo el vacío. Solo la confusión. Solo el dolor de no saber a quién creerle.
Damián caminaba a su lado, sin presionarla, sin preguntar. Sabía que necesitaba tiempo. Sabía que las palabras no servirían de nada. Pero también sabía que no podía dejarla así, hundida, perdida, sin un rumbo.
Llegaron al auto. Damián abrió la puerta del acompañante. Luisa subió sin decir nada. Se puso el cinturón. Miró