La noche anterior había sido una de las más largas en la vida de Luisa. No había dormido. No había podido. Las palabras del doctor Mendoza aún resonaban en su cabeza como un eco que no se iba: "Su madre se suicidó... Tomó una sobredosis de pastillas... Me llamó antes de hacerlo..."
Pero algo no cuadraba. Algo en su corazón, en su memoria, en todo lo que sabía de su madre, le decía que era mentira. Que esa no era la verdad. Que la verdad era otra.
Se levantó con el amanecer, con los ojos hinchad