El auto de Damián, un elegante sedán negro que él le había prestado para que se transportara cómodamente, se deslizaba por las calles de la ciudad mientras el sol terminaba de despuntar. Luisa manejaba con una mano en el volante y la otra apoyada en la ventana, sintiendo el aire fresco de la mañana en su rostro. Pero su mente no estaba en el camino. Estaba en la noche anterior. En el abrazo. En el beso en la frente. En las palabras de Damián: "Yo sí te quiero. A ti. A tu forma de ser. A tu form