El teléfono de Damián vibró sobre la mesa de madera de teca, interrumpiendo la calma de la tarde en el resort. El sol seguía brillando sobre el mar turquesa, y las olas seguían rompiendo suavemente en la orilla, pero la expresión de Damián cambió al ver el nombre en la pantalla. Su mandíbula se tensó, y sus dedos, que momentos antes acariciaban la mano de Annie, se movieron con rapidez para tomar el teléfono. El champán en su copa aún burbujeaba, pero ya no le importaba. La llamada tenía un pes