La luz de la mañana se filtró por las cortinas de la habitación de Luisa como un ladrón silencioso, pintando rayas doradas en las sábanas blancas que aún conservaban el calor de la noche. Los primeros rayos del sol entraron con timidez, como si no quisieran perturbar la paz de ese momento, como si supieran que lo que estaba ocurriendo allí era frágil, delicado, algo que podía romperse con un solo movimiento brusco. El aroma a café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con el olor a almohada