La madrugada llegó con un cielo gris, sin estrellas, como si la noche se negara a terminar. Erick entró a la mansión en puntas de pie, con el corazón pesado y la mente llena de preguntas que no tenían respuesta. La cabaña, la banca, el árbol, las fotos de Annie... todo era un rompecabezas cuyas piezas no terminaban de encajar.
Subió las escaleras en silencio. La puerta de la habitación de Luisa estaba entreabierta. Entró sin hacer ruido. Ella estaba acostada de lado, con el rostro hacia la pare