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Sentada frente a su ordenador, Violet miraba la pantalla con una intensidad que la hacía parecer una estatua, inmóvil y absorta en un mundo que giraba a su alrededor. Había pasado solo unos minutos, pero esos minutos se sentían como horas mientras su mente luchaba por procesar la increíble información que sus ojos habían captado. Aquella mañana, se había despertado al sentir los cálidos rayos del sol filtrándose por la ventana que había olvidado cerrar la noche anterior. Como cada día, revisó su