Horas más tarde, Dominic se encontraba al volante, conduciendo con una furia contenida hacia la empresa de los Klein. Sus manos apretaban el volante con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron de un blanco pálido, reflejando la tormenta de emociones que bullía en su interior.
La revelación que había recibido de Sebastián, el hermano de Sofía, lo dejó atónito.
«Ella no estaba embarazada» las palabras se repetían una y otra vez en su cabeza.
Todo había sido una farsa elaborada, una mentira dise