Alexander miró a todos lados, observando cada detalle en la oficina de Karim. Cuando sostenía el plumín favorito del Árabe, fue pillado por el aludido.
—Alex, ¿qué haces?
—Karim, estoy aquí tal como me has pedido. Creí que era una equivocación, pensé que no querías volver a verme —dejó el objeto en su lugar y se sentó.
Karim respiró hondo.
—Sí, es cierto que no quiero tener ninguna relación contigo. Pero hay una situación que me supera, tal vez puedas ayudarme.
Alexander carraspeó la garga