63.
No podía ser. Definitivamente, no podía ser. El corazón me latió con fuerza en los oídos mientras caminaba hacia mi auto, mientras apretaba con fuerza las llaves en mi mano. Cuando entré, no encendí el motor.
Me quedé ahí, pensativo, observando mi propio reflejo en el retrovisor. No podía ser una coincidencia. Tenía que ser ella. Tenía que ser Evangeline. Ya la había tenido entre mis brazos tantas veces. Era imposible para mí no reconocerla, no reconocer su aroma, no reconocer su esencia, no re