36.

Al principio pensé que simplemente querían asaltarme. Tuve el impulso de golpearlo y correr, pero cuando sentí la fría sensación del metal de una pistola debajo de mi blusa, supe que las cosas se pondrían feas. Quise hablar, quise gritar, pero no podía. Aquel hombre tenía su mano fuertemente afianzada en mi boca, impidiéndolo.

— Pensaste que podrías volver y no nos daríamos cuenta — me dijo — . Pensaste que podrías burlarte de nosotros nuevamente. No, mi querida reina, el jefe quiere verte. No
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