30.
Sentí cómo el corazón me latió con tanta fuerza que, cuando la sangre subió a mi cabeza, me mareé. Tuve que apretar con fuerza el muro que estaba mirando para no caer. Levanté el mentón, fingiendo un orgullo que no tenía, y le pregunté directamente:
— ¿Te refieres a...? ¿De qué diablos estás hablando?
— Ya te lo dije. Yo sé muy bien quién eres. Eres una aprovechada. He conocido mujeres como tú, mujeres que se aprovechan de hombres atolondrados que no saben dónde meter las pelotas. ¿Crees qu