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El transcurso hasta el hospital fue bastante lento. De verdad hubiese preferido que las cosas avanzaran mucho más rápido, pero no podía acelerarlas. Antes de aterrizar, el helicóptero tuvo que pedir varias veces un permiso para poder acceder al helipuerto del hospital, y durante todo ese tiempo yo sentía que mi alma comenzaba a desgastarse. Podía ver con horror cómo el pulso de Nicolás se hacía cada vez más lento, a pesar de que la hemorragia se había detenido.
Tal vez el hombre que lo atendió