152.
Desperté con el corazón acelerado, con un fuerte dolor punzante en la parte de atrás de la cabeza. Cuando abrí los ojos, la luz de una linterna me apuntaba directo a la cara.
— Está bien — dijo una voz — . Está despierto.
No reconocí la voz de quien era, pero algo se me hacía familiar en ella.
— Nicolás, ponte de pie. Tenemos que irnos de aquí — dijo la voz.
Alguien me tomó por los hombros y me sacudió levemente para espabilarme, pero yo hubiese preferido quedarme ahí dormido. La realidad me