148.

El misil se acercaba a toda velocidad. No nos dio mucho tiempo de reacción. Lo único que supe en ese instante fue que Nicolás saltó sobre mí, me lanzó al suelo para protegerme. El misil golpeó una de las paredes, y la explosión sacudió la pequeña estancia abandonada. Mis oídos quedaron zumbando. Pude sentir el olor de la madera carbonizada y el fuego que se esparcía en todas direcciones.

— ¿Qué está pasando? — pregunté, conmocionada.

Nicolás se puso de pie, me tomó por los hombros y me levantó
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