136.
El grito tan profundo de terror que yo lancé me hirió la garganta. Grité con tanta fuerza y con tanto dolor que estaba segura de que todas las personas dentro de aquel lugar me habían escuchado. La puerta se había cerrado, los disparos habían silenciado cualquier ruido en el exterior, y no había escuchado más que mi propio grito golpeando en mis oídos. Con el corazón acelerado, me puse de pie, pero me temblaban tanto las rodillas que caí nuevamente al suelo. Pero tenía que encontrar el valor pa