123.

Elisa arrastró una silla que tenía unos metros más atrás y se sentó frente a mí, a un metro de distancia. Con un gesto de sus dedos, los hombres que estaban alrededor dieron varios pasos atrás y comenzaron a dispersarse por la bodega, dándonos una especie de intimidad. Lo suficientemente lejos como para que pudiéramos hablar sin interrupciones, pero tampoco tan lejos por si la mafiosa llegara a necesitar ayuda.

— Créeme, cualquier cosa que vayas a ofrecerme no la necesito. Y si la necesito, no
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