102.
Yo no supe qué decir. ¿Qué podía yo responder a aquello? Abrí la boca y luego la cerré, confundida.
— No te creo — le dije.
— Lo sé. Es difícil creerme. Ni siquiera yo lo sabía. Creo que no lo supe hasta ahora, hasta que me lo dijiste. Que me dijiste que estabas viva. Pero eras tú. Porque en medio del miedo y mi malestar, también me siento feliz. Ni siquiera por la culpa, ¿me entiendes? Ni siquiera la culpa es la que me hacía sentir feliz de que estuvieras viva. Es algo más allá. Realmente es