Capítulo 20. La Tormenta Perfecta: Valentina.
Las dos semanas desde la muerte de mi madre habían sido un velo gris sobre mi vida. Los días se fundían en noches, y las noches en un vacío pesado, donde el silencio de mi apartamento en Laureles resonaba con su ausencia. Santiago estaba lidiando con su propio dolor, y yo, me había encerrado en mi propio mundo de tristeza y culpabilidad. Los mensajes de Alejandro, insistentes al principio, luego más espaciados, permanecían sin leer en mi teléfono. No tenía fuerzas para enfrentarlo, para recorda