Capítulo 121. Hilos que cruzan océanos.
**Valentina**
Desde la ventanilla del avión, Tokio se extendía como un tapiz de luces infinitas. Una constelación invertida. Cada edificio parecía tejido con líneas de neón y sombras, como si toda la ciudad fuera una gigantesca creación de origami eléctrico. Un suspiro se escapó de mis labios.
—¿Estás bien? —preguntó Alejandro, tomándome la mano mientras el avión descendía.
—Estoy… sobrecogida —dije con una sonrisa—. No sé si emocionada o aterrada.
—Lo estás haciendo. Estamos aquí. ORIGEN está