La noche había sido larga y agitada.
Después del escándalo en la entrada del edificio, Nicolás no se había separado de Ana ni un segundo. La abrazó en el sofá, le acarició el cabello, le susurró palabras de consuelo hasta que, finalmente, el agotamiento pudo más que el miedo.
Ella se durmió en sus brazos, con el rostro tranquilo por primera vez en horas.
Nicolás la miró largamente. La vio frágil, vulnerable, pero también increíblemente fuerte. Había sobrevivido a tanto... y aún así seguía aquí,