Diez semanas habían pasado desde aquella noche en que Nicolás pagó a Agustín para que desapareciera.
Diez semanas de paz. Diez semanas de trabajo. Diez semanas de una vida que Ana nunca creyó posible.
Su barriga comenzaba a crecer. Apenas un pequeño bulto, un secreto que solo ella y Nicolás conocían. Por las mañanas, se miraba al espejo y sonreía. Allí dentro, diminuto pero real, estaba su bebé. Su tesoro. Su razón para seguir luchando.
Nicolás la cuidaba como un hermano mayor. Le preparaba des