La noche en el hospital se había vuelto interminable para Nicolás.
Después de que los médicos lograron estabilizar a Sofía, lo dejaron entrar a la habitación. Su madre estaba sentada junto a la cama, con el rostro bañado en lágrimas, las manos entrelazadas como si estuviera rezando. Su padre estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados, la mirada perdida en la oscuridad. El monitor pitaba de nuevo con normalidad, como si nada hubiera pasado. Las luces verdes parpadeaban rítmicament