La habitación de Sofía estaba en penumbras cuando Nicolás entró.
La luz de la tarde se filtraba por las cortinas entreabiertas, creando sombras alargadas que bailaban en las paredes como espectros silenciosos. El monitor de signos vitales pitaba rítmicamente, marcando el compás de su respiración. Sofía dormía. O al menos eso parecía. Sus ojos estaban cerrados, sus labios entreabiertos, sus manos reposando sobre la sábana blanca como si no tuvieran ninguna preocupación en el mundo.
Su madre se h