La noche había caído por completo sobre la villa cuando Ana tomó la decisión de ir al hospital.
No podía quedarse en casa, con los brazos cruzados, mientras Sofía estaba allí, luchando por recuperarse. Aunque la señora Valenzuela le había dicho que no hacía falta, aunque Cristóbal le había ofrecido quedarse con los niños, algo en su interior le decía que debía ir. No por Sofía. No por lo que había hecho. Sino por ella misma. Por cerrar ese capítulo de una buena vez.
—¿Segura? —preguntó Cristóba