181. Las Reglas de la Manada
La primera mañana en la casa de Punta Mogotes fue una sinfonía de sonidos olvidados. El murmullo del tráfico lejano, el ladrido de un perro en la distancia, el canto de los zorzales en el jardín. Para Selene, que se despertó en su propia cama por primera vez en lo que pareció una vida, fue como volver a aprender a respirar. Se estiró entre sus sábanas, el olor familiar de su hogar, de su vida anterior, la envolvió como un abrazo. Por un instante, casi pudo olvidar la sangre, las mentiras, al mon