055. Una Verdad que Araña y te Muerde
La cama protestó con un quejido de madera vieja cuando el peso de ambos cayó sobre ella. No hubo delicadeza. No hubo gestos de ternura. Fue una colisión. La continuación de la guerra por otros medios. La tela de la ropa que aún los cubría era un obstáculo, una mentira que ambos se apresuraron a desgarrar.
Florencio le arrancó la camisa, ese último vestigio de su propiedad sobre ella, los botones saltando y perdiéndose en la penumbra. Sus manos, antes analíticas y controladoras, ahora estaban de