La ciudad parecía distinta aquella mañana, el aire fresco rozaba el rostro de Elena mientras caminaba con paso firme por las avenidas adoquinadas del distrito antiguo. Vestida con un traje entallado color vino y tacones negros, su silueta destacaba con una elegancia sutil pero poderosa. Su cabello ondeaba al viento, recogido apenas por una horquilla dorada. Había algo en ella que capturaba miradas, una presencia segura, desafiante y, sobre todo, libre.
Elena ya no era la mujer que había cruzado