Elena pensó mucho antes de tomar la decisión de ir al estudio de David.
El estudio estaba ubicado en una vieja fábrica reacondicionada, una de esas construcciones industriales con techos altos, vigas de hierro y ventanales amplios que dejaban entrar la luz como una invasión. No había carteles, ni timbre, ni nombre en la puerta, solo una dirección.
Elena llegó un lunes por la tarde, vestida con un vestido negro de tirantes, y lencería de encaje.
Iba sin maquillaje, el cabello recogido en un moñ