Yvi
El aire es más denso de lo que debería. Cada paso me da la impresión de estar empujando una frontera invisible, un límite antiguo que nunca debió ser cruzado. Pero caminamos, juntos, unidos, llevados por el aliento del pacto, por el eco de nuestras promesas.
Siento sus miradas. Cada uno de ellos.
Aleksandr, a mi izquierda, es una presencia bruta, entera. No sonríe. No habla. Pero arde. Lo conozco lo suficiente para saber lo que piensa: ya está calculando las probabilidades, las salidas, l