Yvi
La noche retrocede como una marea lenta. El cielo se desgarra, roto por una nueva luz, un resplandor pálido que no pertenece ni al día ni al más allá. Todo parece suspendido. Hasta el viento se ha callado.
Mi vientre se tensa, pero no es solo el nacimiento de un niño. Es el de una era. De un equilibrio. Lo siento en mis huesos, en mi sangre. Está llegando.
Grito, no de dolor, sino de llamado. Y el mundo me responde.
Aleksandr me abraza, sus manos en mis hombros, su voz en mi oído, débil per